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Hay una paradoja que hoy quita el sueño a cualquier CEO, CTO o CIO en América Latina: la misma inteligencia artificial que promete hacer más eficientes, más rápidas y más competitivas a las empresas, es también el arma que están usando quienes buscan vulnerarlas.
Sobre esta situación -tan delicada como inevitable- conversamos con Alejandro Dirgan, líder de la plataforma de Red Hat Enterprise Linux para Latinoamérica (RHEL), en una charla que terminó siendo mucho más que una conversación técnica: fue un mapa de ruta para entender hacia dónde va la infraestructura tecnológica empresarial para los próximos años.
El doble filo de la inteligencia artificial
Dirgan no se anda con rodeos al describir el momento actual. Para él, la IA se ha convertido en una moneda corriente que sirve tanto a quienes construyen como a quienes buscan destruir. En Red Hat llevan años integrando capacidades de inteligencia artificial en su sistema operativo, principalmente en herramientas de monitoreo, control y evaluación de vulnerabilidades. Pero el mismo tipo de modelos que ayuda a fortalecer plataformas también está siendo usado del otro lado del tablero.
A diferencia de otras revoluciones tecnológicas del pasado -que nacieron licenciadas, restringidas al mundo corporativo o a quienes podían pagarlas-, la inteligencia artificial nació con acceso prácticamente irrestricto. Esa democratización, dice Dirgan, nos impone un ritmo diferente al cual estábamos acostumbrados, porque cualquier persona, con o sin buenas intenciones, puede hoy identificar patrones de vulnerabilidad en el software con una velocidad impensable hace pocos años.
Ciberseguridad, normativa y costos: prioridades que no compiten
Uno de los mitos que Dirgan derriba de entrada es que innovación, cumplimiento normativo y control de costos sean fuerzas opuestas. No son contradictorias, al contrario, van todas juntas, asegura. Lo que sí reconoce es que el equilibrio entre riesgo, costo y estabilidad se mueve constantemente, empujado por regulaciones que evolucionan país por país y por una superficie de riesgo que crece a medida que los servicios se distribuyen en distintas geografías y proveedores de nube.
La nube híbrida ya no es una estrategia: es la realidad
Sobre el papel de la nube híbrida en la nueva arquitectura tecnológica latinoamericana, el ejecutivo de Red Hat es contundente: ya no se trata de una tendencia futura, sino del estado actual de las cosas. Los servicios hoy conviven entre nubes públicas, nubes privadas, proveedores locales y centros de datos propios, lo que exige una gestión homogénea y predecible sin importar dónde se ejecute cada carga de trabajo.
Ese mismo fenómeno se replica en el desarrollo de software, cada vez más construido a partir de componentes open source y bloques ya existentes. Por eso Red Hat e IBM anunciaron el 28 de mayo pasado un proyecto conjunto, mencionado por Dirgan como LightWell, pensado como un hub que garantice que el software utilizado por las empresas sea seguro, curado y trazable en toda su cadena de suministro.


El fantasma de la computación cuántica
Quizás el punto más revelador de la charla llegó cuando Dirgan salió, momentáneamente, del terreno de la IA para hablar de computación cuántica. Según explica, ya existen instituciones de vigilancia tecnológica que proyectan computadores cuánticos comercialmente viables entre 2035 y 2040. La advertencia es clara: La verdad no es si la computación cuántica existió o no. La verdad es cuándo vamos a ver el día cero, el momento en que la infraestructura criptográfica actual -la que protege prácticamente todos los datos del mundo- quede expuesta.
DevSecOps: la disciplina que faltaba en el sistema operativo
Para Dirgan, la respuesta no está en el miedo sino en la disciplina. Su diagnóstico es directo: Estamos gestionando la plataforma operacional como si lo hubiésemos hecho hace 25 años. Mientras las aplicaciones adoptaron hace una década prácticas ágiles, DevOps y DevSecOps para acelerar sus ciclos de producción y recuperación ante fallas, el sistema operativo se quedó rezagado. Su propuesta es tratar a las plataformas de sistemas operativos como productos, generados bajo integración y despliegue continuo, con imágenes seguras, autoservicio y capacidad de remediar vulnerabilidades a la misma velocidad con la que aparecen.
Y hay una advertencia adicional para quienes ya usan IA a diario: la falta de conocimiento profundo de la propia infraestructura es, según él, uno de los mayores riesgos actuales. Entenderse bien es el primer paso para evolucionar, resume, refiriéndose a la necesidad de que cada empresa sepa exactamente qué aplicaciones corren sobre qué sistemas, quién las mantiene y de qué dependen entre sí.
Un futuro que exige soberanía digital
De cara a los próximos cinco años, Dirgan identifica dos capacidades que toda organización debería estar construyendo hoy: una cultura real de nube híbrida y una estrategia clara de soberanía digital, es decir, definir con precisión qué datos, modelos o procesos no pueden vivir únicamente en la nube pública, sino en entornos intermedios que garanticen cumplimiento normativo y control real sobre la información.
Entenderse para sobrevivir
Más allá de la tecnología, la conversación con Alejandro Dirgan deja una idea que trasciende lo técnico: ninguna empresa puede protegerse de lo que no comprende. La inteligencia artificial no es buena ni mala por sí misma; es un acelerador que amplifica tanto las capacidades de defensa como las de ataque. Las organizaciones que logren equilibrar innovación, ciberseguridad y conocimiento profundo de su propia infraestructura serán las que puedan reaccionar -y recuperarse- más rápido cuando llegue el próximo incidente. Porque, como bien lo plantea Dirgan, la pregunta ya no es si algo va a pasar, sino qué tan preparados estaremos cuando suceda.
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