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La biometría facial dejó de ser una tecnología asociada exclusivamente con grandes instalaciones de alta seguridad. Su evolución, impulsada por la inteligencia artificial y acelerada después de la pandemia, está convirtiéndola en una herramienta cada vez más asequible para empresas que buscan proteger espacios, optimizar procesos y elevar el nivel de control sobre quién entra y quién no.
Ricardo Miralha, gerente de desarrollo de negocio para HID en América Latina, explica que la principal diferencia frente a mecanismos tradicionales está en algo fundamental: una tarjeta puede prestarse, una credencial puede compartirse, pero la identidad biométrica pertenece a una sola persona.
La biometría es única, personal e intransferible.
Biometría facial y el salto hacia una seguridad más inteligente
Antes de la pandemia, la huella dactilar tenía un papel protagonista en muchas soluciones biométricas. Sin embargo, la necesidad de reducir el contacto físico aceleró la adopción del reconocimiento facial.
Con la pandemia, mucha gente no quería tocar nada, recuerda Miralha.
Ese cambio provocó un crecimiento importante de las soluciones de reconocimiento facial en América Latina. Pero el mercado actual es diferente: la tecnología ha madurado, los algoritmos han evolucionado y la inteligencia artificial está aportando nuevas capas de seguridad.
Para Ricardo Miralha, hoy existe un nivel de madurez muy grande para todo lo que es la parte de reconocimiento facial en América Latina.
Y esa evolución resulta especialmente relevante porque el rostro presenta un desafío particular: mientras las huellas dactilares no suelen estar circulando públicamente, las imágenes de nuestro rostro sí pueden encontrarse con relativa facilidad en Internet.
Inteligencia artificial contra la suplantación de identidad
La seguridad biométrica no consiste simplemente en colocar una cámara frente a una persona. El verdadero reto está en determinar si quien intenta acceder es realmente quien dice ser.
Por eso, los algoritmos de inteligencia artificial han adquirido un papel fundamental en el reconocimiento facial, particularmente frente a intentos de suplantación mediante fotografías impresas, tabletas o videos.
La inteligencia artificial viene con más seguridad para la biometría facial.
La tecnología también está transformando otro proceso: el onboarding. Mientras algunas modalidades tradicionales requieren un proceso específico para registrar una huella, el reconocimiento facial puede facilitar procesos digitales más automatizados.
Según Miralha, incluso es posible utilizar un bot para realizar el onboarding digital, reduciendo fricciones y haciendo que la incorporación de nuevos usuarios sea más ágil.
Tres claves para elegir tecnología biométrica
Para las empresas que evalúan implementar seguridad biométrica, Ricardo Miralha comparte tres aspectos que deberían estar sobre la mesa antes de tomar una decisión:
- Algoritmo
No basta con que un fabricante asegure que su tecnología funciona. Es importante revisar si su algoritmo aparece evaluado o listado en laboratorios independientes, como el NIST de Estados Unidos. - Privacidad
Los datos biométricos requieren especial atención. Las empresas deben conocer cómo se gestionan, dónde se almacenan y cómo se protege la información. Para Miralha, un punto relevante es evitar que las imágenes permanezcan almacenadas innecesariamente en los equipos.
La privacidad es clave, hay que verificar cómo manejan los datos biométricos, porque eso es una preocupación hoy.
- Integración
Una nueva solución no debería convertirse en una isla tecnológica. Tiene que ser capaz de integrarse con el ecosistema existente y, especialmente, con las plataformas que la organización ya utiliza.
Una solución no puede vivir de manera aislada.
Este último punto es especialmente importante para las empresas: incorporar tecnología no debería significar comenzar desde cero, sino aprovechar las inversiones y sistemas que ya forman parte de la operación.
De la seguridad corporativa a los espacios residenciales
La evolución de esta tecnología también está modificando su nivel de accesibilidad. Lo que anteriormente podía tener costos elevados comienza a aparecer en entornos residenciales y en aplicaciones más cotidianas.
Miralha proyecta precisamente una tecnología mucho más asequible, más fácil, más económica para las personas.
HID, según explicó, ya lanzó su primer lector de reconocimiento facial y mantiene una línea de desarrollo orientada a nuevas tecnologías, productos y soluciones.
La seguridad no tiene una línea de meta
Quizás una de las reflexiones más interesantes de la conversación es que ninguna tecnología de seguridad puede considerarse definitiva.
La seguridad es una carrera que no termina.
La razón es sencilla: mientras las organizaciones desarrollan mejores mecanismos para verificar identidades, también existen intentos constantes de vulnerarlos.
Por eso, la evolución de la inteligencia artificial aplicada a la seguridad no debería entenderse únicamente como una carrera por incorporar nuevas funciones, sino como un proceso permanente de adaptación frente a nuevas amenazas.
En ese escenario, la biometría facial representa algo más que una cámara que reconoce rostros. Es parte de una transformación más amplia en la manera en que las organizaciones comprueban identidades, administran accesos y conectan la seguridad con sus ecosistemas tecnológicos.
Una identidad que no se presta
La gran transformación de la biometría está en pasar de preguntar “¿qué tienes para entrar?” a “¿quién eres?”. Una tarjeta puede cambiar de manos. Una contraseña puede compartirse. La identidad biométrica, correctamente implementada, busca establecer una relación mucho más directa entre la persona y el acceso que se le concede.
Pero la tecnología por sí sola no resuelve todo. Algoritmos confiables, privacidad, integración y actualización permanente son piezas indispensables para que la promesa de una seguridad más inteligente se convierta en una realidad.
El futuro, entonces, no es solamente apuntar a sistemas sofisticados, sino a tecnologías de control de acceso cada vez más naturales, accesibles e integradas a la vida cotidiana. La verdadera innovación estará en lograr que esa seguridad sea poderosa sin convertirse en una barrera para las personas.


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