Table of Contents
Cheaf avanza en Colombia con un modelo que conecta comercios y consumidores, mientras explora nuevas posibilidades de automatización y analítica.
Hay productos que terminan en la basura no porque hayan perdido su valor, sino porque no encontraron comprador a tiempo. Para Rodrigo Ramírez, Country Manager de Cheaf en Colombia (abajo en la foto), el desperdicio de alimentos representa un desafío ambiental, pero también una oportunidad para que supermercados, panaderías y otros comercios mejoren sus resultados con ayuda de la tecnología.
La compañía opera en México, Chile, Argentina y Colombia, su mercado más reciente. Su propuesta consiste en conectar negocios con consumidores interesados en adquirir paquetes sorpresa de alimentos excedentes, mediante una aplicación que permite recuperar parte del valor de productos que, de otro modo, podrían desecharse.
Tecnología contra el desperdicio de alimentos: del excedente a la oportunidad
El modelo parte de una situación cotidiana: una panadería que no vende todo el pan del día o un supermercado que conserva productos próximos a su fecha de vencimiento. En lugar de descartarlos, los establecimientos pueden ofrecerlos en paquetes por categorías, como frutas y verduras, lácteos o panadería.
El consumidor compra desde la aplicación y se compromete a recoger el paquete en el establecimiento. Así, el comercio monetiza productos que podrían convertirse en pérdidas y el comprador accede a alimentos a menor precio.
Ramírez explica que la inteligencia artificial y el aprendizaje automático todavía tienen un campo amplio de desarrollo dentro de este modelo. Actualmente, la compañía utiliza machine learning para optimizar la distribución de productos entre paquetes, en lugar de predecir cuáles tendrán menor probabilidad de venta.
Como señala el directivo: de momento no estamos en esa unidad de predecir, junto con el partner, ese tipo de productos.
El reto matemático consiste en distribuir eficientemente numerosos artículos entre paquetes de distintas categorías. Aunque cada producto representa una pequeña proporción del inventario, el volumen acumulado puede convertirse en un problema operativo importante para los grandes comercios.
Los datos también pueden impulsar las ventas
Uno de los hallazgos más interesantes de este modelo es que recuperar excedentes no necesariamente significa vender menos o sacrificar oportunidades comerciales. La llegada de nuevos consumidores al establecimiento puede generar compras adicionales.
Según las estimaciones compartidas por Ramírez, entre el 50 % y el 70 % de los usuarios que acuden a recoger sus paquetes realizan una compra incremental. Es decir, además de adquirir los alimentos publicados en la aplicación, compran otros productos en la tienda.
Este comportamiento convierte una iniciativa ambiental en una oportunidad para mejorar la relación con los clientes y atraer compradores que quizá no visitaban habitualmente el establecimiento.
La sostenibilidad empresarial también influye en esa relación. El entrevistado señala que, en encuestas realizadas por la compañía, alrededor del 90 % de los usuarios manifestó que preferiría un negocio que ofreciera una solución de este tipo frente a otro similar que no la tuviera.
La sostenibilidad es algo que cada vez más hace que los negocios logren hacer que los usuarios se identifiquen con ellos, afirma Ramírez.
La cifra apunta a una tendencia relevante para los comercios: las iniciativas ambientales pueden contribuir a diferenciar una marca, siempre que respondan a acciones concretas y no se queden únicamente en mensajes publicitarios.


Precios dinámicos y geolocalización: el siguiente paso
La siguiente evolución tecnológica podría estar en la combinación de geolocalización, análisis de demanda y precios dinámicos. La idea es identificar dónde existen excedentes, qué consumidores podrían comprarlos y cuál sería el precio adecuado para facilitar su recuperación antes de que termine el día.
Ramírez reconoce que todavía hay mucho camino por recorrer. Actualmente, los paquetes mantienen precios relativamente estáticos, aunque existen iniciativas con cupones y ajustes que permiten explorar nuevas posibilidades.
El objetivo es encontrar el punto de equilibrio entre oferta y demanda. Como explica el directivo, se trata de encontrar o el precio justo o el punto en el cual se encuentran la oferta de la demanda para que ese paquete se rescate y evitar el desperdicio.
Este enfoque abre oportunidades para el comercio minorista, especialmente si en el futuro los sistemas de inventario, las aplicaciones y otras herramientas digitales consiguen intercambiar información de manera más coordinada.
Sin embargo, la tecnología por sí sola no resolverá el problema. El ejecutivo considera fundamentales la regulación, la conciencia ambiental y la colaboración entre los participantes del ecosistema.
Tiene que haber una red logística eficiente, advierte al referirse a posibles modelos en los que negocios y consumidores puedan ofrecer o recoger alimentos.
Educación y sostenibilidad más allá de los descuentos
La pérdida de alimentos también implica desperdiciar recursos utilizados durante su producción, como agua, energía y trabajo. Por eso, la estrategia de la compañía contempla campañas de concientización y estudios para comprender cómo perciben los consumidores este problema en cada mercado.
Ramírez destaca que algunas iniciativas buscan cuestionar hábitos cotidianos, como desechar una fruta simplemente porque presenta manchas en su cáscara, incluso cuando todavía puede consumirse.
La empresa también ve oportunidades para colaborar con otras organizaciones. Algunos productos que no logran recuperarse mediante la venta podrían encontrar otros destinos, como el compostaje, evitando que terminen directamente en la basura.
En este punto, la economía circular deja de ser un concepto abstracto y se convierte en una tarea práctica: aprovechar los recursos durante más tiempo y buscar alternativas cuando la venta ya no es viable.
Cheaf en Colombia: expansión y nuevos aliados
La compañía cumplió su primer año de operación en Colombia en octubre de 2026 y, de acuerdo con Ramírez, ya tenía presencia en más de 34 ciudades y había superado las 850.000 descargas de la aplicación.
Entre sus prioridades está ampliar su alcance y fortalecer las conversaciones con cámaras de comercio, grandes cadenas y establecimientos de menor tamaño, donde también pueden existir excedentes alimentarios significativos.
El directivo resume la motivación detrás de esta iniciativa con una reflexión que va más allá de la plataforma: podemos hacer muchísimo en el día a día en nuestras acciones, en cómo decidimos consumir, comprar, si usamos plástico o no.
Una oportunidad donde la tecnología y el propósito se encuentran
El caso de Cheaf demuestra que la innovación no siempre consiste en crear un producto completamente nuevo. También puede surgir al conectar mejor recursos que ya existen, pero que no están llegando a quienes podrían aprovecharlos.
Para las empresas, el aprendizaje es claro: los excedentes pueden representar una oportunidad para recuperar ingresos, generar visitas adicionales y fortalecer la relación con los consumidores. Para que ese potencial crezca, será necesario combinar tecnología, información confiable, educación y cooperación entre comercios, instituciones y ciudadanos.
El verdadero avance llegará cuando evitar el desperdicio deje de ser una acción excepcional y se convierta en una práctica habitual de la operación empresarial y del consumo cotidiano.
🌎 Punto de encuentro














