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La dark web vuelve a estar bajo la lupa. Un reciente estudio global evidencia que, aunque sigue siendo el principal ecosistema para la ciberdelincuencia organizada, los ciberdelincuentes enfrentan cada vez más obstáculos técnicos, regulatorios e incluso internos.
El informe revela cómo operan estos mercados clandestinos, qué herramientas venden y por qué la inteligencia artificial se ha convertido en un arma de doble filo para los estafadores.
La investigación se titula Fraude en Venta: Desentrañando la Dark Web, forma parte del reporte anual “El Estado Global del Fraude” y fue desarrollada por LexisNexis Risk Solutions a partir de un estudio propio realizado en 2025. El documento ofrece una radiografía detallada del funcionamiento de la economía criminal digital y sus transformaciones recientes.
Dark web: un supermercado global del fraude digital
El informe concluye que la dark web continúa facilitando la criminalidad a gran escala al permitir que prácticamente cualquier persona con conocimientos básicos pueda acceder a herramientas de fraude digital listas para usar. Estos espacios funcionan como auténticos “supermercados del fraude”, donde se venden desde tutoriales hasta kits plug-and-play para ejecutar estafas.


Entre los productos más ofertados se encuentran:
- Cuentas bancarias con procesos de verificación de identidad (KYC) ya superados.
- Dispositivos y correos electrónicos preconfigurados para evadir controles antifraude.
- Tutoriales de “fraude para principiantes” con videos paso a paso.
- Kits completos para realizar estafas financieras o comerciales.
Este modelo de “fraude como servicio” ha impulsado una economía criminal altamente especializada. Cada actor cumple un rol: desde quien desarrolla herramientas hasta quien ejecuta el fraude final. El resultado es una cadena delictiva más eficiente y escalable.
Sin embargo, la presión de reguladores y fuerzas de seguridad sigue siendo constante. Cada vez que un mercado clandestino es cerrado, surge otro que intenta cubrir la demanda criminal global. Es un ciclo que, según el estudio, demuestra la resiliencia del ecosistema del fraude digital.
La inteligencia artificial se convierte en un obstáculo para los estafadores
Uno de los hallazgos más llamativos es que la inteligencia artificial no solo impulsa nuevas modalidades de fraude, sino que también está complicando la vida de los ciberdelincuentes.
Los foros analizados en la dark web muestran conversaciones de estafadores frustrados por los nuevos sistemas de detección basados en IA. Bancos y plataformas financieras están implementando tecnologías capaces de detectar deepfakes y manipulaciones digitales mediante el análisis de micromovimientos faciales y patrones de flujo sanguíneo.
Algunos ciberdelincuentes incluso reconocen que estos sistemas son casi imposibles de evadir. Otros intentan soluciones improvisadas, como el uso de máscaras de látex para engañar sistemas biométricos, lo que demuestra el nivel de presión que enfrentan.
Las herramientas antifraude que más dificultan sus operaciones incluyen:
- Verificación de vida en tiempo real.
- Análisis de actividad de cuentas.
- Evaluación de correos electrónicos y teléfonos.
- Identificación de huellas digitales de dispositivos.
Paradójicamente, la misma tecnología que utilizan para crear estafas sofisticadas -como los deepfakes- está siendo utilizada por instituciones financieras para detectarlos con mayor precisión.
Un ecosistema criminal que tampoco es seguro para los criminales
El informe también desmonta uno de los mitos más extendidos: la dark web no es un refugio seguro ni siquiera para quienes delinquen en ella.
Las llamadas “estafas de salida” son frecuentes. En estos casos, los administradores de mercados clandestinos desaparecen de un día para otro llevándose el dinero de sus propios clientes criminales. Esta falta de confianza ha generado tensiones internas y cambios en la dinámica del ecosistema.
Algunos mercados intentan ganar credibilidad imponiendo reglas, expulsando vendedores fraudulentos o prohibiendo la venta de productos sin valor. Aun así, la volatilidad sigue siendo alta.
Además, el estudio identifica una tendencia creciente: parte de esta actividad se está trasladando a redes sociales convencionales. La comodidad y el acceso masivo hacen que algunos delincuentes prefieran estos entornos más abiertos, aunque también más expuestos.
Un panorama cambiante para la ciberdelincuencia global
La investigación deja una conclusión clara: la ciberdelincuencia sigue evolucionando, pero también lo hacen los sistemas de defensa. La combinación de regulación, inteligencia artificial y nuevas tecnologías antifraude está elevando el costo y la complejidad de las estafas digitales.
Esto no significa que el problema esté resuelto. La demanda de herramientas ilegales continúa creciendo y los mercados clandestinos se adaptan rápidamente. Sin embargo, el equilibrio empieza a cambiar.
La misma innovación tecnológica que permitió el auge del fraude digital está empezando a limitar su efectividad. Y en ese escenario, la carrera entre delincuentes y sistemas de seguridad entra en una nueva fase donde la IA será protagonista.
En un ecosistema donde nada es completamente seguro, ni siquiera para quienes operan fuera de la ley, la evolución tecnológica sigue redefiniendo las reglas del juego.


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