Table of Contents
La industria de los videojuegos en Latinoamérica vive un momento decisivo, impulsada por una fuerza creativa que ya no pide permiso para competir en las grandes ligas.
Con un valor de mercado que alcanzó los $23.550 millones de dólares en 2024 y una proyección firme de $25.700 millones de dólares para 2025, el sector ha dejado de ser un nicho para convertirse en un motor económico estratégico.
En este escenario, países como México y Colombia emergen no solo como protagonistas, sino como los laboratorios donde se está gestando el futuro del entretenimiento interactivo regional.
Impacto económico de la industria de los videojuegos
Para entender la magnitud de este fenómeno, hay que mirar las cifras y la visión de los expertos.
El doctor David Alonso, Director del Departamento de Videojuegos, Animación y Tecnología de la Universidad UDIT, lo resume así:
México y Colombia están dejando de ser observadores del mercado global para convertirse en actores clave que aportan nuevas narrativas, talento técnico y una identidad propia.


La dinámica es fascinante porque es dual. Por un lado, tenemos a México, consolidado como el gigante del consumo en la región.
Con más de 68.7 millones de jugadores activos, su mercado móvil es una bestia que sumó $1.501 millones de dólares este año y promete duplicarse hacia 2033.
La adopción masiva de smartphones y el modelo free-to-play han democratizado el acceso, creando una base de usuarios sólida y constante.
Por otro lado, encontramos el auge del desarrollo de videojuegos en Colombia. Aunque con un mercado interno más modesto, el país avanza a una velocidad vertiginosa gracias a su ecosistema.
Más de 87.000 empresas conforman hoy su economía creativa, respaldadas por inversiones estatales que superan los $9.948 millones de COP para financiar proyectos de animación y contenido transmedia. Aquí, la apuesta es la calidad exportable.
Más allá del código: Identidad cultural y talento digital
Lo que realmente está capturando la atención internacional no es solo la capacidad técnica, sino el «alma» de los productos.
Estamos viendo una transición donde los estudios locales integran mitología, folclore y visuales autóctonos.
El mundo está sediento de historias nuevas, y América Latina tiene un arsenal cultural inexplorado.
Esto ha detonado una demanda sin precedentes de talento digital especializado. El videojuego moderno es una cadena de valor compleja que requiere mucho más que saber programar. Las vacantes se multiplican para perfiles en:
- Programación (C++, C#, Unity, Unreal Engine).
- Arte y modelado 3D.
- Diseño de experiencia de usuario (UX).
- Marketing y localización.
- Gestión de comunidades.
Como señala Alonso, el talento colombiano está empezando a competir de tú a tú con estudios internacionales.
Además, el trabajo remoto ha derribado fronteras, permitiendo que desarrolladores locales trabajen como freelancers para grandes estudios de Tokio, Montreal o California, elevando el nivel técnico de la región.
La gamificación como herramienta de transformación social
El impacto de esta tecnología ha desbordado el entretenimiento puro. La gamificación se está convirtiendo en un lenguaje transversal para solucionar problemas reales.
Durante la pandemia, investigaciones en México demostraron cómo los sistemas lúdicos mejoraban la retención estudiantil.
En Colombia, vemos cómo organizaciones adoptan dinámicas interactivas para educación financiera y marketing, conectando con audiencias jóvenes que son inmunes a la publicidad tradicional.
Se estima que el mercado de plataformas gamificadas alcanzará los $38.780 millones de dólares en 2030 a nivel global, confirmando que las mecánicas de juego son vitales para la educación, la salud y los servicios digitales del futuro.


Desafíos regulatorios y el camino hacia la consolidación
No obstante, no todo es «Game Over» y reiniciar. El camino hacia la consolidación enfrenta «jefes finales» complejos.
La falta de financiamiento especializado y la dificultad para retener talento senior son obstáculos comunes. Además, los marcos regulatorios a menudo van un paso atrás de la innovación.
En México, la incertidumbre sobre impuestos a videojuegos catalogados como «violentos» inquieta al sector. En Colombia, la discusión sobre la reforma laboral y la regulación del gaming añade presión a las startups.
Para competir globalmente, la región necesita un marco legal y financiero robusto, similar al que impulsó a los grandes hubs tecnológicos de Norteamérica y Asia.
La próxima gran IP habla español
A pesar de los retos regulatorios, el optimismo es el sentimiento dominante. Con la expansión de los e-sports, la adopción de Inteligencia Artificial en los procesos creativos y el auge de las tecnologías inmersivas, el terreno es fértil.
La industria se está preparando para dar el siguiente gran salto: pasar de la maquila de servicios a la creación de Propiedad Intelectual (IP) original.
Como bien concluye David Alonso: La próxima gran IP latinoamericana está cerca. Y muy probablemente nacerá de un estudio mexicano o colombiano que combine cultura local, visión internacional y tecnología de vanguardia.
Latinoamérica ya no juega para participar; juega para ganar.
















