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Para las organizaciones colombianas, el verdadero desafío de la ciberseguridad empresarial comienza antes del incidente, cuando todavía existe la oportunidad de identificar una ruta de ataque, medir su impacto y cerrar la puerta de entrada antes de que un ciberdelincuente la encuentre.
En este contexto, Ikusi y TrendAI presentaron en Colombia el primer Cyber Risk Operation Center (CROC), un modelo que busca complementar las capacidades tradicionales de los Centros de Operaciones de Seguridad (SOC) con una visión proactiva y orientada al riesgo.
La propuesta parte de una pregunta sencilla, pero estratégica: ¿qué está haciendo una empresa para reducir sus posibilidades de sufrir un ataque cuando no existe una alerta activa?
Ciberseguridad empresarial con mirada proactiva
Samuel Toro, Head of Sales de TrendAI, en la foto principal, explica que el CROC busca cubrir precisamente ese espacio que muchas organizaciones todavía tienen pendiente.
¿Qué hacer cuando no hay un ataque, qué hacer cuando no hay una alerta y cómo ese trabajo ayuda a reducir la posibilidad de que se materialice un riesgo?
La diferencia está en pasar de una operación concentrada exclusivamente en detectar y responder, a una estrategia que permita conocer la exposición completa de una organización, establecer prioridades y determinar cuáles riesgos podrían generar mayores consecuencias económicas.
Esto cambia también la conversación. En lugar de presentar cientos o miles de alertas técnicas, el objetivo es explicar qué riesgos pueden afectar al negocio, cuánto podrían costar y qué decisiones deberían tomarse.


Inteligencia artificial para priorizar el riesgo
La inteligencia artificial en ciberseguridad adquiere un papel central. Su función no consiste únicamente en analizar grandes volúmenes de información, sino en enriquecer los datos desde el comienzo.
Toro señala que es posible conocer, por ejemplo, si un dispositivo es crítico, si una identidad tiene relevancia para la organización o si determinados comportamientos están relacionados con grupos de ciberdelincuentes conocidos.
La inteligencia artificial es absolutamente indispensable.
Este enfoque busca elevar la confianza en la identificación de comportamientos maliciosos y reducir el ruido generado por falsos positivos.
Pero existe otra razón para acelerar esta transformación: los atacantes también están utilizando IA.
Y está avanzando a un ritmo gigante.
Según Toro, solo a mitad del año ya se habían descubierto tantas vulnerabilidades como durante todo el año anterior, una señal del ritmo que está tomando la evolución de las amenazas.
Cuando la IA defensiva se enfrenta a la IA ofensiva
La velocidad con la que la inteligencia artificial puede generar nuevos ataques supera las capacidades de respuesta exclusivamente humanas. Por eso, la defensa también necesita automatización e inteligencia.
De ahí que las organizaciones definitivamente tienen que también utilizar la inteligencia artificial para defenderse y es ahí donde hablamos de esa lucha robot contra robot, inteligencia artificial contra inteligencia artificial.
TrendAI señala que su propuesta combina más de 38 años de inteligencia de amenazas y un equipo global de más de 6.000 personas, mientras que Ikusi aporta su experiencia en el mercado y capacidades complementarias.
El objetivo no es reemplazar a los equipos de seguridad, sino entregarles una capacidad adicional para interpretar mejor dónde está el riesgo y qué debería atenderse primero.
Predecir una ruta de ataque antes del incidente
Otro elemento interesante del Cyber Risk Operation Center es la capacidad denominada attack prediction. El modelo comienza identificando activos expuestos a internet y posteriormente analiza sus vulnerabilidades y posibles conexiones con otras debilidades o malas prácticas dentro del ecosistema empresarial.
El verdadero riesgo aparece cuando esas condiciones pueden encadenarse y construir una ruta hacia un activo crítico.
Esa ruta de ataque, es lo que nosotros llamamos las capacidades de attack prediction, y son las que tiene el CROC.
La ventaja está en poder visualizar esa vía de acceso y cerrarla antes de que sea aprovechada.
Del gasto de seguridad a una decisión de negocio
Quizás uno de los cambios más relevantes está en la manera de hablar de ciberseguridad con la alta dirección. Cuando los riesgos pueden traducirse en posibles impactos financieros, la conversación deja de ser exclusivamente tecnológica.
Con eso el negocio puede entender cuál es la exposición que tienen en términos financieros y cuál sería el potencial retorno de la inversión en ciberseguridad.
Esto puede ayudar a que las juntas directivas comprendan que proteger activos digitales no consiste únicamente en adquirir herramientas, sino en gestionar un riesgo empresarial que puede afectar operaciones, ingresos y continuidad.
Para Toro, el éxito del modelo durante su primer año también está relacionado con que las organizaciones comiencen a exigir capacidades más proactivas a sus proveedores.
La ciberseguridad ya no se trata solamente de defender, solamente de esperar una alerta para actuar, sino de dar un paso al frente.
Anticiparse vale más que reaccionar
El lanzamiento del primer CROC en Colombia refleja un cambio de mentalidad que trasciende una nueva herramienta tecnológica: la ciberseguridad empieza a medirse por la capacidad de reducir el riesgo antes de que ocurra el incidente.
En un escenario donde la inteligencia artificial acelera tanto la creación de amenazas como la defensa, las organizaciones que solamente reaccionen podrían llegar siempre un paso tarde. La ventaja estará en quienes logren convertir los datos de seguridad en decisiones concretas para proteger su negocio.
Toro, lo resume así:
Que esas inversiones en ciberseguridad no se sientan como gastos, sino realmente como lo que son, inversiones.
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